Hoy se cumplen 210 años del día en que Simón Bolívar juró en Roma (Italia) ante su maestro Simón Rodríguez, que nunca descansaría hasta liberar a su patria de la opresión del Imperio español. Para ese momento acababa de cumplir tenía 22 años y había enviudado hacía casi tres y llevaba 18 meses en Europa.

Lo cierto es que cuando puso el pie en Roma, Bolívar ya parecía tener consciencia de su lugar en la historia. Así lo dejó saber para la historia:

¡Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!

Ese juramento definió un camino que revolucionó una buena parte del mundo. Como dijo el historiador Augusto Mijares, “en ese momento podemos decir que nació el Libertador. Pues como lo escribiría posteriormente don Simón Rodríguez, anticipándose a una observación de Nietzsche muy parecida: ‘Los bienhechores de la humanidad no nacen cuando empiezan a ver la luz, sino cuando empiezan a alumbrar ellos”.