Camila Villaruel

Análisis de fuentes periodísticas

“Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo: «Viva la patria», sino que dijo: «No me dejen solo, hijos de puta».

Después no quiero recordar más, ni la voz del locutor en la madrugada anunciando que dieciocho civiles han sido ejecutados en Lanús, ni la ola de sangre que anega al país hasta la muerte de Valle. Tengo demasiado para una sola noche. Valle no me interesa, Perón no me interesa, la revolución no me interesa. ¿Puedo volver al ajedrez?”

(Walsh, 2010:18)

Introducción

Operación Masacre es una obra de “ficción periodística” escrita en 1957 por Rodolfo Walsh, militante, periodista, escritor y traductor desaparecido durante la última dictadura militar en Buenos Aires, 1977. La publicación en libro es posterior a la original, que vio la luz en la revista “Mayoría” en la forma de notas periodísticas, todas ellas fechadas entre el 27 de mayo y el 29 de julio de 1956.

El libro es significativo no solo por la investigación que presenta acerca de los fusilamientos ocurridos en José León Suárez el 9 de junio de 1956, sino también por ser considerada la obra que inaugura la novela periodística, un género que mezcla la novela tradicional con el discurso testimonial, metodología que busca corroborar la veracidad de la información con que cuenta, recurriendo fundamentalmente a entrevistas. Así, esta narración muestra cuán cierto es el dicho de que “a veces la realidad supera a la ficción”. El periodista sigue los pasos de su instinto ayudado por pistas que van apareciendo y testigos que va encontrando, y concluye demostrando que los fusilamientos ocurrieron antes de que se decretara la ley marcial. De cualquier modo, el caso nunca juzgado oficialmente.

Todo esto se desenvuelve en un contexto histórico complejo: la Revolución Libertadora de 1955, con el general Lombardi a la cabeza apoyado por la Marina de guerra habían derrocado el gobierno de Perón, quién partió al exilio, aunque no fue el único. El gobierno de facto inhabilitó a todos los dirigentes políticos y gremiales que habían participado del gobierno de Perón y fueron muchos quienes debieron exiliarse por carecer de las mínimas garantías de vida en Argentina. Se trató de una época caracterizada por un anti peronismo efervescente, en donde incluso estaba prohibido mencionar su nombre. La situación económica en el país era crítica: los militares habían devaluado la moneda, congelado los salarios, estancado el sector industrial y suspendido toda clase de seguridad social. Ante este panorama, muchos comenzaron a organizar comandos de resistencia, con el fin de oponerse al gobierno y lograr el retorno de su líder.

El 9 de junio de 1956 hubo levantamientos en distintos puntos del país y todos ellos fueron detenidos por la policía y los militares, ocurriendo la muerte de 31 personas entre asesinatos y fusilamientos. Entre ellos el general Valle (militar insurrecto que quiso derrocar a Aramburu)

Cuando se produjeron los fusilamientos de José León Suárez, Walsh estaba trabajando en la compilación de cuentos de la editorial Hachette.

Una tarde, mientras jugaba ajedrez en un bar, oye a alguien decir al pasar “Hay un fusilado que vive”, algo que queda dando vueltas en su mente de periodista inquieto. A fines de ese año, comenzó a investigar el caso con la ayuda de la periodista Enriqueta Muñiz, y se encontró con un gigantesco crimen organizado y ocultado por el estado. Walsh decidió recluirse en una alejada isla del Tigre con el seudónimo de Francisco Freyre y con la única compañía de un revólver. El 23 de diciembre Leonidas Barletta, director de propósitos, denunció, a pedido de Walsh, la masacre de José León Suárez y la existencia de un sobreviviente, Juan Carlos Livraga.

Fuentes periodísticas

Al analizar las fuentes periodísticas que Walsh presenta, cabe señalar la excepcionalidad que supone este trabajo de campo: un contexto dictatorial y la consecuente puesta en riego de su propia vida.

Walsh se sirve de diversos tipos de fuentes, como por ejemplo, el libro de locutores de radio del Estado, recibos, telegramas, entre muchas otras, que utiliza para constatar con la información brindada por su fuente principal: los testigos. La herramienta más utilizada por el autor es la entrevista: “ya he hablado con sobrevivientes, viudas, huérfanos, conspiradores, asilados, prófugos, delatores presuntos, héroes anónimos” (Walsh, 2010: 11).

Es evidente la importancia de los testimonios de participantes y testigos como fuente primordial para reconstruir lo que pasó ese día de junio. El autor va recopilando y dando sentido a la información que consigue comparando los testimonios entre sí, constatándolos con datos obtenidos en su trabajo, con el pronóstico del clima, la programación radial, la información que otros amigos  vecinos de los participantes van brindando. La precisión y el detalle con que completa el relato aportan a la verosimilitud del mismo: los hechos suceden a cierta hora, con cierta temperatura, en determinadas direcciones, con cierto evento deportivo o programación musical siendo transmitida en la radio.

“Nada hay de nuevo en esta rutina. Es la misma de años y años. Tampoco el mundo es distinto cuando él toma el tren en la estación Retiro del Belgrano. Los diarios de la noche no traen noticias de mayor importancia. En los Estados Unidos han operado al general Eisenhower. En Londres y Washington se comentan las notas de Bulganin sobre el desarme. San Lorenzo derrota a Huracán en un encuentro anticipado del campeonato de futbol.” (Walsh, 2010, 38)

Todos estos datos que el escritor suministra le permiten al lector vivenciar el camino que ha transitado el mismo Walsh, sentirse parte de lo que va aconteciendo, lo cual no solo hace efectivo al relato desde un punto de vista literario, sino también desde lo psicológico, ya que a medida que el lector se sumerge en la historia experimenta a través de estos recursos las sensaciones, estados de ánimo, miedos, incertidumbres y otros sentimientos por lo se ven atravesados los protagonistas de la historia.

En la primer parte del libro, sugestivamente titulado “Las personas”, Walsh da cuenta de los siete sobrevivientes de que se anoticia, y de cómo lo hace. Los presenta uno por uno, describiendo con máximo detalle sus características corporales, sus hábitos y composición familiar, incluso sus estados de ánimo al momento que ocurrieron los hechos. El mayor problema metodológico que parece afrontar el escritor es el de tener que “rellenar” los momentos del relato que los testimonios no logran concretar en hechos comprobados. A esto, responde argumentando de manera conjetural, guiado por su propio juicio y sentido común, relacionando los elementos de la realidad de los que dispone.

“No hay testigos de lo que hablan. Sólo podemos formular conjeturas. Es posible que Garibotti vuelva a repetir a su amigo el consejo de Berta Figueroa: que se entregue. Es posible que Carranza a su vez quiera hacerle algún encargo para el caso de que él llegue a faltar de su casa. Quizá esté enterado del motín que se acerca y se lo mencione. O le diga simplemente:

–Vamos a casa de un amigo a escuchar la radio. Van a pasar una noticia…”

(Walsh, 2010:35)

En una segunda parte del libro, que Walsh también ilustrativamente titula “Los hechos”, el autor nos cuenta el desarrollo de la historia cronológicamente, tomando así la forma de una novela policial convencional, pero basada en hechos reales.

En esta parte se relata el allanamiento realizado en la casa de Florida donde se encontraban todos reunidos, y el posterior traslado a la Unidad Regional. Un dato que se brinda aquí y que conviene retener porque será de vital importancia más avanzado el relato, es que los oficiales toman declaración a los detenidos y les retienen sus pertenencias. Lo central de este último hecho es que, al tomar las pertenencias, les extendieron un recibo, el cual va a servir como evidencia de que realmente estuvieron detenidos allí.

Otro de los elementos fundamentales que se desprenden de esta parte del relato es la comprobación que realiza el autor, en su intento de demostrar que los hechos no solo fueron atroces sino también injustos, acerca de la ilegalidad de los fusilamientos, ya que la ley marcial no había sido pronunciada por lo cual no estaba en vigencia. Para comprobar esto, Walsh recurre a las publicaciones oficiales en los diarios y en los registros de la Radio del Estado:

“Yo he afirmado que él detuvo a esos hombres antes de entrar en vigencia la ley marcial. Y para determinar la hora en que se promulgó, no me he limitado a consultar los diarios del 10 de junio de 1956, que, unánimes, informan que se anunció a las 0.30 de ese día. He ido más lejos, he buscado el libro de locutores de Radio del Estado, y lo he fotocopiado, para probar, al minuto, que la ley marcial se hizo pública a las 0.32 del 10 de junio.” (Walsh, 2010: 136).

Lo que sigue en el relato es el fusilamiento en sí: los detenidos son trasladados a un basural, desconociendo a donde van, por qué ni para qué. Allí el periodista relata en forma de novela policial los hechos, y como es propio en toda la historia, transmite a través de la reconstrucción de los testimonios que le brindaron los testigos, la incertidumbre que vivieron, la falta de conocimiento de quiénes estaban involucrados, incluso la falta de certezas acerca de cuántos eran los que estaban allí, algo que contrariamente a lo que se podría suponer –que esta falta de certezas en la historia le restaría credibilidad- termina generando el efecto contrario: el lector está ahí, no ve nada porque es de noche, no sabe bien cuántos son porque todo es confuso, e intenta al igual que los fusilados encontrar algún tipo de “escapatoria” de esa situación desesperante.

Así mismo, los detalles son otro elemento fundamental para comprobar la veracidad de los testimonios. En este sentido, Walsh brinda un ejemplo interesante de cómo puede utilizarse este criterio:

“Alzó la cabeza y vio el campo todo blanco. En el horizonte se divisaba un árbol aislado. Nueve meses más tarde comprobó con sorpresa que no era un solo árbol, sino el ramaje de varios, cortado por una ondulación del terreno, que producía esa ilusión óptica. Incidentalmente, el detalle probó a quien esto escribe -por si alguna duda me quedaba- que don Horacio había estado allí. El único sitio desde donde se observa ese extraño espejismo, es el escenario del fusilamiento”.

(Walsh, 2010: 104)

El relato continúa con la conclusión del fusilamiento. Walsh relata quiénes son los sobrevivientes, como es que lograron huir del oscuro suceso, los momentos que vivió cada uno de ellos –ya que para algunos la pesadilla no había terminado-, cómo se enteraron sus familiares, cómo reaccionaron cada uno de los sobrevivientes.

La tercera parte del libro, titulada “La evidencia” es una serie de compilación de los distintos argumentos, pruebas y testimonios desplegados en las partes anteriores del libro. Aquí Walsh utiliza un estilo menos objetivo, más persuasivo, quizás alentado por el hecho de que luego de la publicación del libro –en el cuál no existía esta tercera parte del libro- obtuvo acceso al informe judicial del llamado “expediente Livraga”, lo que le permite comparar la investigación realizada por él mismo con la que realiza el juez. Esto le servirá por momentos para afirmar algunas de las cosas que presenta en su libro, y en otras lo hace por oposición a algunos criterios que el juez toma en consideración:

“Esa demanda era ya un hecho. Lo que allí se alegaba podía ser enteramente falso o no, pero era un hecho: un hombre que decía haber sido fusilado en forma irregular e ilegal se presentaba ante un juez del crimen para denunciar “a quien resulte responsable” por tentativa de homicidio y daño”.

(Walsh, 2010: 189)

En buena medida, el núcleo ordenador de esta tercera parte es Fernández Suárez,  jefe de policía que envió a Rodríguez Moreno la orden de fusilar a los detenidos. Si en las dos primeras partes utilizó un método de comparación entre fuentes convergentes, en esta tercera parte usar fuentes divergentes, lo que confiere mayor legitimidad al resultado final.

Estos argumentos, que refuerzan la justificación de las fuentes que hizo en la parte del trabajo que integró la publicación original, responden a ciertos intentos explícitos de poner en cuestión la legitimidad o veracidad de las mismas. De la veracidad de esas fuentes parecía depender, en buena medida, el resultado del juicio. Este es uno de los motivos por los cuales Walsh se esmera tanto en explicitar sus mecanismos de control y selección de fuentes:

“No hay un solo dato importante en el texto de Operación Masacre que no esté fundado en el testimonio coincidente y superpuesto de tres o cuatro personas, y a veces más. En los hechos básicos, he descartado implacablemente toda la información unilateral, por muy sensacional que fuesen”

(Walsh,2010: 207)

Walsh enumera, finalmente, muchas de sus fuentes, que en última instancia no son más que la unificación y explicitación de aquellas que estaban ya dispersas por la obra, en tanto son, en su mayoría, testimonios de testigos. Estas fuentes incluyen la declaración de Fernández Suárez ante la Consultiva provincial, la demanda judicial que da lugar al “Expediente Livraga”, los testimonios orales  reiterados de tres sobrevivientes, las declaraciones firmadas de otros tres sobrevivientes los que se exiliaron en el exterior, como así también las declaraciones de diversos familiares de las víctimas.

Consideraciones finales

El trabajo realizado por Rodolfo Walsh es –o debería ser- material de lectura obligado ya que hoy, en el 2015, en tiempos de revalorización de los derechos humanos, de la memoria colectiva y de la resignificación que han recibido las luchas llevadas a cabo por las víctimas de la dictadura militar, este libro es una pieza fundamental para aprehender, vivenciar y dimensionar nuestra historia como argentinos. Y es que la forma en que están presentados los hechos, de manera minuciosa, con un fuerte interés por parte de su autor por demostrar la veracidad de las fuentes utilizadas, y el tinte novelesco que le otorga el talento de Walsh para relatar los sucesos, permiten que el lector se sumerja en una época concreta, y con el pasar de las páginas se ve involucrado de manera íntima con los hechos, lo cual permite generar una conciencia mucho más realista de cómo se vivió esa época. Reconocer nuestra historia como sociedad, remendar los errores –y horrores- cometidos es parte fundamental de cualquier sociedad que aspire a crecer de manera constructiva. Y una forma de que eso se dé es leyendo esas páginas, que el autor relató poniendo en riesgo su propia vida y la de las personas que lo rodeaban, sacrificando sus propios intereses en pos de una insaciable búsqueda de justicia social:

“Reitero que esta obra no persigue un objetivo político ni mucho menos pretende avivar odios completamente estériles. Persigue –una entre muchas– un objetivo social: el aniquilamiento a corto o largo plazo de los asesinos impunes, de los torturadores, de los “técnicos” de la picana que permanecen a pesar de los cambios de gobierno, del hampa armada y uniformada.”

(Walsh,2010:193)

A su paso se encontró con un sistema perfectamente diagramado para ocultar y negar los delitos cometidos, en una trama complejísima de poder:

“Se dirá también que el fusilamiento de José León Suárez fue un episodio aislado, de importancia más bien anecdótica. Creo lo contrario. Fue la perfecta culminación de un sistema. Fue un caso entre otros, el más evidente, no el más salvaje”

(Walsh,2010: 194)

Así, podemos observar cómo Walsh se muestra desilusionado tanto del sistema que lo envuelve, como de sus propios colegas, que no hacen más que alimentar a ese sistema con falacias dictadas por quienes detentan el poder, y sin más apoyo que sus propias convicciones, continuó con su labor, con la esperanza de que ello sirviera para que la historia no se olvide.

“Espero que no se me critique el creer en un libro –aunque sea escrito por mí- cuando son tantos más los que creen en las metralletas”.

(Walsh, 2010: 195)

Es una obra que deleita por el rigor documental con que fue concebida, y que a su vez perturba por el alto grado de detallismo que lleva al lector a ser parte de los fusilamientos, envuelto en esa trama confusa y terrible.

Fuentes utilizadas: http://www.monografias.com/trabajos16/operacion-masacre/operacion-masacre.shtml

Por: Camila Villaruel

Desde: ARGENTINA

 

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